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Y otra vez la Bienal apostando por la cerámica

  • 27 de enero, 2018
  • Por: Surisday Reyes Martínez - Artecubano
  • bienal, Escultura, Premio

El Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana ha fungido como importante centro que reúne en su colección el panorama de esta disciplina en el país. Su labor expositiva y divulgadora a través de varias actividades, especialmente, las Bienales de Cerámica (1), ha permitido el acercamiento de un grupo considerable de creadores para quienes el barro constituye un medio de expresión de sus diversas inquietudes técnicas y conceptuales.

El desarrollo sistemático de tal evento que desde 1990 se propone acoger lo más representativo de este quehacer en toda la Isla supone siempre un reto al elaborar cada convocatoria. No encasillar el trabajo a medidas estrictas, a  lenguajes creativos, a temáticas u otros aspectos, como exigencia de formación académica de los autores, caracterizan este certamen. Si bien en los primeros años predominó el pequeño formato, en el transcurso del tiempo se ha valorado, por ejemplo, ampliar las dimensiones y las tipologías a concursar, considerando hoy día propuestas escultóricas, instalativas, proyectos; así como vasijas, murales y tile.

En su edición correspondiente a diciembre de 2016 que tuvo lugar en el Centro Hispanoamericano de Cultura, se dieron cita diversidad de obras con predominio de esculturas e instalaciones. Artistas de formación académica dentro de las artes plásticas u otros aficionados, pertenecientes a distintas generaciones o promociones y con particulares maneras de trabajo dentro de la disciplina conformaron la amplia nómina de participantes (2).

Luego de este necesario preámbulo es preciso citar algunos creadores cuyas obras se distinguen dentro de la exposición. Tal es el caso de Martha Jiménez y Teresa Sánchez, ambas con experiencia validada por su sistemático desempeño en  el que se conjuga dominio técnico y profundidad en cuanto a los significados abordados.

En su obra inicial, Martha enfatizó en los diversos aspectos que identifican lo cubano, en su caso, desde lo tradicional popular. Posteriormente, la mujer como ente central se ha desdoblado para ofrecer diversidad de discursos. En algunos casos, se ha adentrado en el componente étnico de nuestra cultura al emplearla como símbolo de identidad; en otros afloran inquietudes de género, feministas, la emigración, el erotismo desde una mirada muy propia. Dentro de este certamen presentó La equilibrista y Hacia dentro, en las cuales retoma a la fémina para realzar su rol en el entramado social. En la primera, resalta las aptitudes, el talento y la gracia de la protagonista, quien encima de una bicicleta, con las manos extendidas sosteniendo dos aros y una pequeña cabra sobre su cabeza, realiza un magistral acto circense. En la segunda, la joven se encuentra encima de una especie de barca, con remos a su alrededor y otras pertenencias, pues parece dejar atrás, según refleja tan melancólico rostro, su espacio de convivencia. De este modo, la artista insinúa el tema migratorio, entendido no solo como el abandono físico del lugar de origen, sino todo lo que emocionalmente ello entraña.

Teresa Sánchez, formada en el Instituto de Arte de Berlín–Weissensee, en la especialidad de Cerámica escultórica, ha sido sumamente versátil al transitar por distintos lenguajes: la figuración, el expresionismo, la abstracción de manera parcial ya que se halla al menos un elemento figurativo en medio de motivos informes. La propuesta cerámica ha compartido escenario con otras manifestaciones artísticas como el dibujo y con materiales de producción industrial. Desde el punto de vista temático ha abordado diferentes cuestiones relacionadas con el contexto cubano, pero también de alcance universal. Desde sus primeras incursiones se advierte una característica que le es inherente a una parte significativa de su trabajo, por ejemplo, el hecho de que hay una agresividad en la conformación de las estructuras de arcilla al ser resueltas de un modo sumamente grotesco. Retoma tal estética en Anasirma, busto o torso en posición invertida, de lisa y blanca superficie sobre el cual se ha colocado el resto del volumen que presenta extremidades salientes, pronunciada columna vertebral, con marcado contraste entre los esmaltes brillantes usados y el tratamiento áspero de algunas áreas, mostrando con énfasis los genitales femeninos. Esto último para ser consecuente con la identificación, otro aspecto importante en su obra, por constituir el vehículo que permite articular una idea, pero que a la vez puede dilatar las posibles interpretaciones. Ello se debe a la ambigüedad de los términos escogidos ya que en ciertos casos estos contradicen la representación misma o tienen diversas significaciones de acuerdo a su procedencia lingüística.

Por su parte, Alejandro Cordovés, desde los predios del Taller de Cerámica del Instituto Superior de Arte, ha ido perfilando paulatinamente sus intereses ideo – estéticos. En Laika conoce a Yuri es destacable la incorporación coherente de disímiles materiales extrartísticos, provenientes del mundo mecánico, -con su habitual procedimiento de ensamblaje-, al cohete hecho de arcilla roja e identificado como Sputnik 2 que transporta al espacio a la conocida mascota. Otro aspecto que singulariza su quehacer es ese evidente horror al vacío, logrado a partir del abigarramiento de elementos que en términos de composición está  muy bien justificado. En este caso, el personaje protagónico muestra una expresión alegre que naturalmente se contrapone a la realidad misma del suceso. Con este tipo de propuesta, su autor se acerca cada vez más a una línea en la que pretende profundizar, dada las posibilidades que aporta la historia como disciplina humanística a la hora de construir discursos desde el arte. Además, ofrece una visión particular de un sensible tema de la historia universal, haciendo uso de cierta dosis de humor como eficaz estrategia comunicativa.

Dentro del conjunto expuesto se hizo notar también la presencia de los integrantes del Proyecto Yeti, grupo de creadores sensibilizados por esta manifestación, quienes cuentan con la asesoría del reconocido ceramista Agustín Villafaña. Entre las piezas presentadas por el Yeti cabe destacar Una Isla del Caribe de Mercedes Peñalver y Marla C. Hernández.  Una estructura cilíndrica, a la cual han ensamblado fragmentos irregulares de cerámica y en los que aparecen  aquellos íconos identitarios de nuestra Isla, con una atinada utilización de variados esmaltes, ejemplifica la frescura propia de este territorio caribeño. Si bien el anterior es ya un tema recurrente en la plástica cubana, la materialización objetual de la obra lo personaliza por lo que resulta interesante. Otra de  las participantes, Katherine Hechevarría, realizó una figura humana en insinuada postura de meditación según refleja su mirada y el rostro en general. Con esta pieza la artista ha hallado una vía para ahondar en los conflictos del individuo, asociados con el aspecto emocional, criterio este que se sustenta a partir de su título Sin miedo a nada.

En cuanto al trabajo de Beatriz Sala Santacana es necesario apuntar que ha logrado crear un sello distintivo. Sus habituales personajes no presentan rasgos faciales definidos, ni son resultado de un estudio detallado en términos de anatomía porque lo más significativo para la autora son las acciones que estos desarrollan. Así lo evidencia Piñata, colorido conjunto de individuos cuyas manos alzadas alcanzan un pequeño barco que debe contener las esperadas golosinas. Esta pieza sencilla y directa en sus posibles mensajes evidencia la coherente imbricación entre cerámica y metal, lo cual no solo fundamenta la solidez alcanzada en el aspecto técnico, sino como ello contribuye a reforzar los temas.

Tomás Núñez (Jhony) se acerca a la cerámica como un medio y no como un fin, así lo fundamentan sus característicos retablos y murales. Diez cuadros de diferentes tamaños a los que incorporó pequeños fragmentos de los más variados materiales, un recipiente con una sustancia cristalizada dentro, encima de una columna clásica, constituye la propuesta instalativa Alquimia. Todos estos objetos aparentemente inconexos entre sí logran una atractiva visualidad. Con esta pieza, Jhony ha hecho uso de su habitual estrategia postmoderna en lo que concierne a la reutilización y reconceptualización de elementos cotidianos que transforma para cargarlos de nuevos contenidos.

A Javier Martínez le motiva la experimentación. Cada obra suya posee un consistente argumento tanto en la selección de todo lo que requiere para materializarla, como para trasmitir un criterio. Esta vez, dentro de una estructura de madera rectangular y realizada horizontalmente se encuentra el barro dispuesto de manera compacta. Una especie de camino, según su morfología, parece haber sido rastrillado. En uno de sus extremos  sobresale un volumen de áspera textura que es el resultado de esa acción acumulativa a partir de la depuración. De este modo, ha concebido Javier una obra de profundo anclaje conceptual, simple en su ejecución, pero de acuerdo con su título, Anatema, es muy cuestionadora  y polisémica al  entrañar las más variadas reflexiones.

Figuras emergentes también ofrecen sus perspectivas en torno a esta disciplina. En tal sentido, cabría señalar a Yosniel Olay, cuyas primeras proposiciones indican la influencia de un maestro: Evelio Lecour, en cuyo taller viene desarrollando su obra desde hace muy pocos años. Su exposición “Disfraces para el barro” en 2014 se inspiró en las conocidas Isadoras lecourianas para insinuar estados de ánimos muy diferentes, desde el dolor hasta el placer. Comenzó así a incursionar en la escultura. Su búsqueda de diferentes formas de decir le ha llevado a desarrollar otro tipo de obras que dista mucho de esa primera etapa. En tal sentido, sobresale Iris, en la cual emplea el hierro para crear las sobredimensionadas pestañas, pero tal estructura no es para nada rígida, por lo que logra un efecto flexible. Para realizar el ojo se decidió por el barro pues este material es por naturaleza frágil y maleable. Esta pieza resulta atractiva en materia de diseño y abre el camino de una nueva estética a través de la cual puede generar diversos cuestionamientos.

Asimismo, Carlos Arístides Medina, joven de reciente promoción de la Academia de Artes Plásticas “San Alejandro”, presentó una escultura Sin título que resalta dentro de la muestra por su indiscutible síntesis. Dos finas y blancas manos entrelazadas son sostenidas a ambos lados por sólidas estructuras de madera oscura. Cabe resaltar, en este caso, el exquisito trabajo de las superficies de las manos que, aunque rugosas, para sugerir envejecimiento, son igualmente delicadas. La visualidad general de la obra le confiere, sin dudas, un carácter monumental.

Desde visiones muy diferentes, las obras de estos  autores, permiten reafirmar que el empleo de un material no determina en ninguna medida la contemporaneidad y validez de una propuesta artística en cualquiera que sea el contexto de realización.

[1] Se realizan dos certámenes –de forma alterna- uno dedicado esculturas, instalaciones y proyectos; mientras el otro acoge vasijas y paneles. Ambos permiten que artistas de diversas regiones del país den a conocer su trabajo y sean laureados cuando así la obra lo amerita.

[2] En esta ocasión el jurado integrado por Alejandro G. Alonso, director del Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana; Ioán Carratalá Corrales, ceramista ganador del premio beca de creación del evento de 2014; Margarita González Lorente, subdirectora del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam; y Teresita Huerta Lozada, periodista especializada en temas culturales decidió otorgar los siguientes premios. Menciones honoríficas a Sin miedo a nada de Katherine Hechevarría y Una isla del Caribe, de Mercedes Peñalver y Marla C. Premio especial a la obra Laika conoce a Yuri, de Alejandro Cordovés y Premio especial a Piñata, de Beatriz Santacana. Premio Ópera Prima a Sin título, de Carlos Arístides Medina. Premio Alfredo Sosabravo a Alquimia, de Tomás Núñez (Johny) y Premio Beca de Creación, financiado por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP), a La Equilibrista de Martha Jiménez.

Artículo publicado en la revista Artecubano. Revista de Artes Visulales No. 4, 2016, pg. 38.

Más sobre la autora en su blog sobre cerámica cubana

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