NOTICIAS

El arte me abrió las puertas de la libertad

  • 29 de abril, 2016
  • Por: Johanna Puyol, María M. Rodríguez
  • Foto: Lisandra Cuesta
  • arte, cerámica, Escultura, Estudio

Beatriz Sala Santacana es una mujer emprendedora que no le teme a los riesgos. El ascenso de su carrera como ceramista es un reflejo de estos rasgos de su personalidad, abierta a la experimentación y a labrar nuevos caminos siguiendo los derroteros de su imaginación.

El Estudio Taller Santacana

En el refugio del Estudio Taller Santacana, en el reparto Flores, del capitalino municipio Playa, esta artista de formación autodidacta concibe piezas ornamentales, murales y azulejos de cerámica esmaltada, que ya la identifican como una figura de creciente reconocimiento en el panorama de las artes plásticas cubanas contemporáneas.

Allí nos recibe en un espacio pleno de luz y color, el marco perfecto para sus creaciones. Los tonos ocres, azules, verdes y naranjas de sus piezas contrastan con las paredes blancas y las líneas sobrias de las habitaciones; la riqueza cromática y de texturas, los diseños geométricos y las figuraciones, hacen resaltar las obras de Santacana allí donde se mire.

Al contemplar su taller y la variedad de sus piezas, sabemos que estamos ante una profesional que sueña en grande y que ha conseguido echar a andar un proyecto de envergadura. Sorprende saber que a pesar de su éxito, la realidad es que Beatriz comenzó su carrera como ceramista de forma empírica, aprendiendo desde cero principalmente a través de los libros.

Artista autodidacta

Descubrió el barro a los 16 años y se enamoró de lo que podía lograr con él. Más tarde, estudió la carrera de Derecho, que terminó en el año 1999 y ejerció por un tiempo. Mientras tanto, compraba libros sobre cerámica gracias a unas piezas muy simples que lograba vender, y soñaba ya con otro futuro. Así consiguió hacer su primer horno, uno pequeño que todavía conserva.

“Hasta que un día pensé que no iba a llegar a nada en la vida si seguía así, que la cerámica no podía continuar siendo un hobby. Si tú quieres tener una carrera, debes decidirte y dejarlo todo para empezar en serio. En 2004 tomé una decisión drástica, después de haber estudiado una carrera de cinco años en la que no me iba mal; pero me gustaba mucho más el arte y la libertad de la creación. Sin embargo, no me arrepiento de haber estudiado porque me ha servido de mucho tener una formación que me permite hablar con claridad y que me ha enseñado a razonar”.

Requirió de valor dejar un camino ya labrado y lanzarse a un mundo en el que era una extraña y donde, además, no contaba con ningún maestro que la guiara en la dirección correcta:

“La cerámica es muy dura, requiere un horno y una serie de condiciones que no exige la pintura; pero era mi camino. En el mundo de la cerámica también se guardan muchos secretos y, a veces, no puedes llegar al conocimiento con facilidad, tienes que descubrirlo por ti misma. Si cuentas con una tradición familiar ya tienes una ventaja. Yo no tuve esa suerte, así que me apoyé en los libros, las piezas rotas, en la familia que me ayudó a costear los materiales, porque son carísimos… Tuve la suerte de recibir el apoyo familiar, que fue muy importante, y con mucho empeño llegué a donde estoy ahora”.

Influencias y estilo

Identificar una pieza de Santacana es sencillo gracias a un estilo muy bien marcado; pero encontrar su marca personal fue un proceso largo al que llegó a través del estudio continuo, mucha experimentación y la influencia de los grandes maestros y de culturas admiradas en las que encontró elementos que atrajeron su imaginación. Su primera gran influencia fue México, donde vivió una etapa de su vida. La cultura del país, fuerte y vital, la permeó de tal manera que amenazó con impregnar su identidad artística:

“Me fascinó lo que vi en los museos de Antropología precolombina y sobre todo del Arte Maya. Veía las esculturas y me maravillaba que hubieran podido hacer algo tan bello. Esta influencia inicial fue muy criticada en los sectores artísticos en los que yo comenzaba a participar; pero no me podía despojar de ella, porque era mi fuente de inspiración y me trasmitía tremenda fuerza creativa, aunque sé que no tenía nada que ver con nuestra realidad. Fue un choque y una manera de empezar errada, porque comenzaron a identificarme con México. Pero sí me dio un sentido escultórico del cuerpo humano, de las líneas que me interesaban, y fue un punto de partida. De las piezas precolombinas me gusta que las formas no sean realistas y que sus figuras parezcan robots o extraterrestres, y me quedó esa influencia, porque mis piezas no son realistas.

“Después, recibí grandes influencias del maestro Sosabravo, cuya obra me gusta mucho —también se aleja del realismo y es un poco robótica—. Por último, hice una exposición homenaje a Frida Kalho en su centenario. Dediqué ese trabajo a una gran mujer que tampoco estudió y que se sobrepuso a sus circunstancias, con quien encontré muchos paralelos. Fue en ese momento que concluí mi etapa con la cultura mexicana y también con la obra de Sosabravo. Poco a poco fui evolucionando y creo que me he ido depurando, despojándome de lo superfluo”.

Murales y esculturas

Comenzó así un nuevo ciclo, ya con un mejor dominio de la técnica de los esmaltes y una mayor fuerza creativa. Su próximo paso fueron las obras por encargo, que trajeron consigo la oportunidad de explorar las infinitas posi¬bilidades de los murales —algunos se pueden apreciar en el recibidor del edificio Beijing, Centro de Negocios de Miramar— y que la hicieron crecer desde el punto de vista técnico al esforzarse por lograr lo que deseaban los clientes, aunque desde el punto de vista artístico no fueran tan satisfactorias.

“Me solicitaron obras, increíblemente, para el Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana, al que me había sido muy difícil entrar. Con una de las piezas de Frida obtuve el Premio de Ópera Prima y se me abrió un camino. Después, me pidieron un mural para el museo y ahí está, con formas abstractas que ya no se parecen ni al museo antropológico mexicano, ni a Sosabravo, ni a nadie más. He ido encontrando mi camino, haciendo esa combinación de las propias experiencias con lo que uno quiere decir, aunque siempre existan influencias de los grandes maestros. A mí, por ejemplo me fascina Joan Miró”.

Entre las obras que expone en su taller resaltan unas pequeñas esculturas esmaltadas, rígidas figuras sin rostro adornadas con metal envejecido, que no obstante evocan una gama de emociones y cierta ingenuidad, y en las que logra una mezcla precisa de fuerza y delicadeza que pareciera ser un rasgo distintivo de su obra. En sus representaciones de formas abstractas combina colores fríos y cálidos de manera armónica, con trazos orgánicos y texturas que le añaden cierta rudeza y que contribuyen a crear una percepción más artesanal de la obra. Esta dualidad entre artesanía y obra de arte es parte también del atractivo que le ha permitido ir ganando espacios entre diversos públicos.

“Me gusta mezclar colores y matices en las piezas, me cuesta utilizar un solo tono en mis vasijas. Disfruto haciendo, incluso, un cenicero, y para mí es tan importante como una escultura porque considero que siempre que se trabaje con calidad artística no debe haber diferencias en el resultado. Todo artista es un artesano en su origen. Luego, hay quien sobrepasa el umbral cuando lo que hace es único, diferente y original.

“La cerámica utilitaria no me llama la atención. Estoy haciendo unos platos para el restaurante de la Fábrica de Arte que me interesan porque los voy a decorar con mi estilo en ese preciso contexto; pero las obras por encargo, como en este caso, se convierten en rutina y si no llega el momento en el que decides parar, te pasas toda la vida en eso. Si lo haces bien surge un contrato detrás del otro hasta convertirte en una fábrica. No quiero eso, porque tengo otras inquietudes creativas y puedo generar mucho más. Lo retomo cuando lo necesito por una cuestión económica, y quisiera seguir haciendo esculturas, murales y vasijas, pero decoradas con mi propio estilo y que me permitan seguir avanzando creativamente”.

Inquietud creativa

Las texturas y la policromía que ya la identifican a veces surgen de la propia experiencia de trabajo, pero también son fruto de la experimentación, incluso de la casualidad, y de una inquietud creativa en la que cada detalle interesante es digno de explorar. De estas pruebas van saliendo sugerencias de colores y tonos, y con ellas ha ido descubriendo lo que no le ha podido enseñar ningún libro.

“Son tonos fascinantes creados por un ángel dentro del horno que me ayuda. Otras veces son fruto de la experimentación intencional, que es necesario hacer para evolucionar y no quedarte con lo mismo. Uno se expresa a través de la composición y las formas, pero también a través del color. He asistido a conferencias donde determinados escultores han dejado de lado el color; pero creo que es un error, porque el color es tan difícil de dominar como la forma. Es parte del oficio también tratar de expresarse a través de la combinación de los colores. Por ejemplo, eso lo veo en Sosabravo, quien tiene un dominio de los colores y de los esmaltes diferente a los otros ceramistas. En sus obras utiliza los semimates combinados con las texturas, nunca colores planos, sino con muchos matices. El resultado es fascinante, de una calidad y un concepto que solo de verlo se identifica como Sosabravo.

“Por mi parte, he tratado, desde mi estilo, de encontrar los colores que me identifican, los que mejor le vienen a mis piezas y los que mejor expresan mis ideas, ya sean de tristeza, angustia o alegría”.

Exposiciones y nuevos caminos

Con su exposición en la Fábrica de Arte Cubano (F.A.C), Beatriz vuelve a abrirse a lo incierto con el ímpetu de siempre, y apuesta una vez más por su talento y determinación para descubrir los vuelos de sus nuevas creaciones, que evocan la figura humana.

“Comencé una nueva etapa con una muestra incluida en la Duodécima Bienal de La Habana y tuve la suerte de que X Alfonso viniera al taller, que le gustara lo que estoy haciendo, y que me propusiera un espacio en la Fábrica de Arte Cubano durante la Bienal. He tenido un lugar privilegiado para la obra, a la entrada de la fototeca, en el primer piso. Se trata de un conjunto escultórico que no había realizado antes, con formas figurativas que nunca he presentado, inspiradas en los seres humanos y sus vicisitudes.

"Tengo la necesidad de crear conjuntos de figuras, en este caso siete personas adultas y dos niños que recreo como una marcha. Me gusta la fusión entre los metales que me voy encontrando por la calle —tuberías viejas, tornillos y alambres— y que voy insertando dentro de la pieza de cerámica. Me atrae la combinación de la rudeza de la pieza con la armonía entre el metal y el esmalte. Puedo hacer una figura absolutamente cabizbaja, con estas formas, y según la posición de la cabeza o los brazos, de la composición, lograr una expresión angelical o pesi¬mista de la vida y de la sociedad.

“Me encanta, además, la escultura de gran formato. Conseguí hacer un horno grande, de 1.80 m —toda una proeza— porque quiero trabajar la gran escala en una sola pieza, sin ensamblar, que es mucho más trabajoso pero aporta más riqueza. Estas piezas de «La marcha» son la primera camada que saldrá del horno, y para mí implicará exponerme realmente, con un cambio de concepto y una obra muy personal. La presencia del metal es ahora muy fuerte, y creo que es lo que les brinda a estas piezas las diferencias de expresión y el carácter final”.

El arte es mi mundo

Entre sus reconocimientos, del que está más orgullosa es el Premio Opera Prima de la VIII Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”, del Museo Nacional de la Cerámica, porque provino de una institución muy selectiva y cerrada. También ha sido merecedora de varios premios de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) y de un Premio FIART 2014. Con cerca de 40 exposiciones entre personales y colectivas, Beatriz Sala Santacana se ha labrado un merecido nombre como ceramista.

“Lo he conseguido laborando todos los días, con una disciplina mayor que si hubiera trabajado en la consultoría jurídica. Los días feriados estoy aquí, creando, porque me encanta. Es mi mundo y lo necesito. Eso sí, es un oficio para el que hay que crearse un horario y que te exige mucho tiempo y rigor, en el que hay que superarse constantemente, aprender de lo que hacen los demás.

“Llevar los dos papeles, de madre y creadora, es un reto. Tengo la suerte de rodearme de buenas personas, y de tener una familia que me apoya. Si no los tuviera, no podría haber hecho ni la mitad de lo que he conseguido. Me exijo mucho, porque creo que solo así se logra un trabajo serio. Les estoy robando a mis niños tiempo de cariño porque este trabajo y dedicación también les servirá a ellos. El amor parte también del orgullo que uno pueda sentir hacia sus padres y la mejor enseñanza que puedo darles es que hay que trabajar en la vida.

“Estoy feliz de haber estudiado Derecho por los conocimientos que adquirí, y estoy feliz de haberme dedicado al arte, porque me abrió las puertas de la libertad emocional y creativa. Prefiero esta vida en la que no tienes horarios pero te pones los más rígidos, y donde eres más esclavo que nunca del trabajo pero no te das cuenta porque lo disfrutas. Al final, no siento que trabajo: siento que me realizo todos los días. Soy mi propio reto”.

Back